Un análisis estructural del dominio por presión y la generación “natural” del ippon.

Continuando con la Nota anterior referida a la trayectoria de Shohei ONO, y con motivo de la próxima visita a la Argentina del mencionado doble campeón olímpico y triple campeón mundial, en esta oportunidad, nos proponemos describir su estilo de Judo. Como se verá, se trata de un estilo particular extraordinariamente difícil de analizar y aún más complejo de enseñar o imitar.

Asimismo, la escasa cantidad de combates disputados en el World Tour y su aún menor número de derrotas han dificultado enormemente su análisis sistemático por parte de rivales y entrenadores, impidiendo encontrar formas consistentes de neutralizarlo.

De manera coincidente, en una reciente Nota sobre la “Amplificación de la Fuerza de Reacción del Suelo” (FRS), habíamos señalado a ONO como el mejor ejemplo contemporáneo del uso continuo de la FRS, aun sin haber abordado todavía las aplicaciones más avanzadas y sofisticadas de esta fuerza, de las cuales ONO es uno de sus máximos exponentes que, seguramente, describiremos en las Notas correspondientes.

Ono final jjoo tokyo 2020

Final de los JJOO de Tokyo 2020. Foto: www.ijf.org

 

El estilo de Judo de ONO

Si entendemos el estilo de un judoka como la convergencia de cuatro elementos fundamentales, sus características técnicas, su lógica de kumi-te (agarre), su enfoque físico-táctico y su sentido estético-espiritual, entonces el estilo de ONO puede definirse como aquel que, mediante un kumi-te ortodoxo y una presión física abrumadora, somete al oponente con una racionalidad física perfecta, haciendo emerger el ippon no como un acto forzado o buscado, sino como un fenómeno natural.

Por ello, suele describirse su estilo como el súmmum de la ortodoxia del Judo Japonés: una postura correcta con manejo preciso del centro de gravedad, el kuzushi o desequilibrio como una consecuencia inevitable y no como una acción intencional, el aprovechamiento de la fuerza del oponente y la búsqueda constante del ippon como objetivo último.

La presión como eje del ataque

En el Judo de ONO, el verdadero protagonista del ataque no es una técnica específica, como podría ser su osoto-gari o su uchi-mata, sino la presión total que ejerce sobre su oponente. En el instante en que fija con firmeza ambas solapas o la zona de la axila y adhiere su pecho al del oponente, éste pierde físicamente toda vía de escape, generándose el kuzushi.

Desde el punto de vista estructural, el rival es conducido a un estado en el que ya no puede sostenerse en pie. El colapso ocurre cuando deja de poder resistir y pierde el equilibrio; en ese momento, ONO simplemente proyecta su cuerpo en la dirección de la caída. El resultado puede parecer un uchi-mata o un osoto-gari, pero la técnica es, en realidad, una denominación posterior del efecto producido por la presión ejercida. Por ello, numerosos autores coinciden en que, en ONO, la “técnica” no es el objetivo, sino un fenómeno emergente, no buscado de forma consciente.

Ono final jjoo tokyo 2020

Final de los JJOO de Tokyo 2020. Foto: www.ijf.org

La presión que ONO ejerce no es un empuje a base de fuerza, sino una forma de dominio sin escape, donde física y psicología se fusionan. Este dominio puede sintetizarse en los siguientes cinco aspectos:

    1. Eliminación de opciones mediante la posición “frente a frente”: Al encarar al oponente uniendo pecho con pecho y manteniendo una postura que prohíbe cualquier escape irregular, crea una situación psicológica donde el oponente siente que “solo le queda resistir”.
    2. Fijación de un agarre doble sólido: Al sujetar firmemente ambas solapas o el cuello posterior, anula la libertad de los hombros y brazos del oponente, provocando una disfunción estructural en el sistema ofensivo del rival.
    3. Penetración profunda del centro de gravedad: Utilizando su torso extremadamente fortalecido como eje, proyecta su propio peso directamente sobre el centro de gravedad del oponente, forzándolo a un estado donde “permanecer de pie ya es su máximo esfuerzo”.
    4. Sincronización de la “calma” a la “explosión”: Tras un dominio silencioso mediante el agarre, aprovecha el instante en que el oponente intenta resistir para recuperar el equilibrio, convirtiendo esa energía en una potencia explosiva de forma instantánea.
    5. Inducción al colapso por inevitabilidad física: Mediante una presión omnidireccional, “destruye desde el interior” la estructura del oponente, forzando un camino de caída inevitable, sin depender de una técnica específica.

Estilo casi único

Es precisamente gracias a esta presión abrumadora que sus técnicas no son algo que él simplemente “aplica”, sino que se manifiestan como un “fenómeno” inevitable.

Mientras que el combate basado en la fuerza es un choque directo de energías donde ambos conservan su capacidad de ataque, la presión es un dominio estructural, dado que presionar significa anular las opciones del oponente y forzar su colapso mediante la posición y el control del centro de gravedad, permitiendo vencer sin necesidad de entrar en un desgaste físico innecesario.

Este estilo único e inimitable de ONO que va mucho más allá de su postura, su agarre o sus tokui-waza como osoto-gari o uchi-mata fue forjado como resultado de la combinación de los efectos de los entrenamientos rigurosos al que fue sometido durante su adolescencia en la academia KODOGAKUSHA y posteriormente, en la Universidad TENRI, haciendo que la integración de ambos sistemas de entrenamiento consolide su estilo en el que, sin depender del nombre de la técnica, estas surgen de manera natural como resultado de la presión ejercida y de la manipulación del centro de gravedad del oponente.

Academia KODOGAKUSHA.

En la Academia KODOGAKUSHA, asimiló una estructura “que no se colapsa”, basada en la postura correcta y el control del centro de gravedad como condiciones absolutas; un kumi-te de presión frontal que le permite mantenerse siempre frente al oponente (en muchos casos agarrando con el hiki-te la solapa o la zona de la axila del oponente, en lugar de la manga); y la corporización de los movimientos básicos, reproducidos sin mediación del pensamiento consciente. Paralelamente, desarrolló una concepción del combate centrada en la estructura, en la que no se “va a aplicar la técnica”, sino que se construye el propio proceso que impide al oponente mantenerse en pie.

Universidad TENRI.

En la Universidad TENRI, estas estructuras se integraron con una capacidad de ataque explosiva, completándose la habilidad de pasar instantáneamente de una presión sostenida al colapso, así como una adaptabilidad combativa que le permite no perder la estabilidad incluso en situaciones de contacto corporal cercano.

Además, en su caso, contaba con un sólido respaldo físico, con una de las fuerzas musculares más formidables del mundo del Judo, producto de sus condiciones naturales complementadas con un entrenamiento de fuerza orientado a alcanzar una “fuerza funcional y práctica para maximizar los movimientos del Judo”. Así, era capaz de plantear un combate de fuerza contra fuerza, cuando fallaba su estilo original de presión.

ono final mundial 2019

Final del Campeonato Mundial de Tokyo 2019. Foto: www.ijf.org

 

Integración de cuerpo y cerebro

El aspecto particular que hace del estilo de ONO algo imposible de imitar o reproducir no es la “técnica” ni el “kumi-te”, sino la sensibilidad corporal que le permite crear primero el resultado del desequilibrio, antes de que el centro de gravedad del oponente “colapse” visiblemente. Esto no es táctica ni técnica, sino una estructura perceptiva y sensorial en sí misma.

ONO, como resultado de haber automatizado al extremo el “cómo moverse” (control motor), hizo que su cerebro procese “objetos que otros competidores no pueden procesar”. Sin embargo, esto no significa que vea más cosas o maneje mayor cantidad de información, sino más bien que “la dimensión de lo que está procesando sea diferente”.

Muchos atletas de élite consumen gran parte de sus recursos cerebrales en la gestión de su propio cuerpo: verifican la estabilidad de su postura, deciden la lateralidad del ataque o evalúan si su reacción es tardía. Al agotar su ancho de banda mental en el “cómo moverse”, dejan poco margen para lo externo.

En contraste, ONO ya tiene resuelto la postura, la longitud del paso y el desplazamiento del centro de gravedad antes de que intervenga el pensamiento consciente. Al liberar su cerebro de este control motor básico, puede operar en un nivel superior: procesando el flujo de fuerza del oponente, la calidad de su resistencia y las señales sutiles de un colapso inminente.

Esta información, que no se juzga con la vista ni se puede cuantificar, es la que finalmente decide el combate. Ya que estas informaciones no existen solo en la visión, ni solo en el tacto, sino que emerge únicamente a través del cuerpo entero en movimiento, ONO, al mantener su cuerpo estable en todo momento, lo transforma en el “instrumento de observación” (su propio cuerpo) que nunca se desajusta. Por ello, por primera vez, las micro-rupturas del oponente “emergen” claramente.

Así, al automatizar al extremo el control corporal, libera su cerebro del control motor y lo dedica a procesar información que, para otros competidores, ni siquiera existe. Por ello su Judo no parece particularmente rápido, no es forzado y aparenta tener pocas técnicas y, aun así, de algún modo siempre gana. Así es como su Judo se manifiesta como un fenómeno de un nivel de perfección extraordinaria.

En ONO, el cerebro y el cuerpo están completamente integrados, aunque se trata de un estado en el que el cerebro no se adelanta, la conciencia no interviene y el juicio no interfiere con el movimiento. En otras palabras, “el cerebro se disuelve dentro del cuerpo, y el cuerpo actúa como una extensión del cerebro.”

El cerebro y el cuerpo funcionan como una única unidad completamente integrada, pero dentro de esa unidad, los procesos cerebrales “conscientes, verbales y selectivos” no aparecen en primer plano.

No significa que el cerebro no trabaje, sino que no se utilizan las funciones cerebrales de verbalización, elección y comparación, haciendo mucho más densos el procesamiento sensorial, el ajuste temporal y la percepción espacial que son mucho más densos que en un atleta promedio.

Mientras que en el circuito típico de la integración del cuerpo con el cerebro de un atleta común la secuencia es “ver → juzgar → dar una orden → ejecutar el movimiento”, en el caso de ONO, su circuito tiene la secuencia de “sentir → la estructura cambia → la técnica aparece como fenómeno”.

Se debe tener en cuenta que el cerebro cuenta con varias capas, el cerebro consciente (lóbulo frontal) que permite pensar, elegir comparar y dudar que, durante el combate, permanece prácticamente en silencio y el cerebro de integración sensorial (cerebelo, ganglios basales, lóbulo parietal) que realiza la integración de visión, tacto y sentido vestibular, el ajuste del timing y la distribución de la fuerza que es la capa que actúa principalmente.

final jjoo rio 2016

Final de los JJOO de Río de Janeiro 2016. Foto: www.ijf.org

 

Producto del entrenamiento

Cabe destacar que todo lo descripto fue alcanzado por ONO como resultado de muchos años de entrenamiento. Sin embargo, este “entrenamiento prolongado” fue de una naturaleza completamente distinta a la que comúnmente se podría imaginar. No se trató de una simple acumulación de repeticiones la cual, por sí sola, no produce la llamada “transferencia estructural”, sino de un proceso que solo ocurre bajo condiciones de entrenamiento muy específicas.

Si un atleta se limita a repetir una técnica decenas de miles de veces, a acumular experiencia competitiva y a sumar años de carrera, lo máximo que obtiene es una mayor rapidez en la toma de decisiones o reacciones más refinadas. Sin embargo, no se produce el fenómeno clave: que aquello que debería ser procesado por el cerebro pase a estar incorporado en la estructura del cuerpo.

La fortaleza de ONO no radica en que su cerebro sea particularmente rápido, sino en que gran parte de lo que otros atletas aún deben procesar cerebralmente ya ha sido transferido a su estructura corporal. Por ello, parece que no mira, pero ve; no piensa, pero acierta; no reacciona, pero llega a tiempo. De allí surge esa fuerza que parece incomprensible”.

En ONO existe procesamiento cerebral durante el combate, pero no se trata de un procesamiento consciente ni secuencial. El procesamiento presente no está orientado al juicio, la elección o la emisión de órdenes, sino a un procesamiento que, de manera inconsciente y paralela, integra sensaciones, actualiza predicciones y realiza microajustes temporales y de fuerza. Es decir, el cerebro está plenamente activo, pero el “cerebro que piensa” no aparece en primer plano. En otras palabras, no es un cerebro que decide la acción, sino un cerebro que afina continuamente la interacción para que no se rompa.

El estado observable en ONO es el de haber trasladado a la estructura corporal aquello que normalmente debería procesarse en el cerebro. Este estado solo se alcanza mediante entrenamientos que cumplen condiciones muy concretas, entre ellas:

(1) Entrenar sin “usar el pensamiento”

Los atletas en los que ocurre la transferencia estructural no “piensan” durante el entrenamiento, no eligen técnicas, ni verbalizan éxito o fracaso, osea, entrenan activamente el “no pensar”, mientras que la mayoría de los atletas, durante el entrenamiento, piensa cosas como “ahora hago esto”, “si el oponente viene así, respondo de esta manera” o “fallé, así que corrijo” que corresponde al aprendizaje dirigido por el cerebro.

(2) Tomar siempre como eje la Fuerza de Reacción del Suelo (FRS) y el centro de gravedad

La FRS y el centro de gravedad no requieren juicio consciente. En el instante en que se perciben, el cuerpo ya está reaccionando. Por ello, no se sigue el circuito “cerebro → juicio → movimiento”, sino que se forma el circuito “sensación → cambio estructural → manifestación de la técnica”.

(3) Priorizar la “reproducibilidad” por encima del “éxito”

En los criterios de entrenamiento de atletas como ONO, no se persigue el resultado inmediato, sino la reproducibilidad de la estructura. Las preguntas clave no son “¿se proyectó?”, “¿fue ippon?” o “¿se ganó?”, sino: ¿se levantó la misma estructura cada vez?, ¿funcionó incluso con un oponente distinto?, ¿ocurrió el mismo fenómeno sin recurrir a la fuerza? En este contexto, que la técnica aparezca o no es solo un subproducto.

Así, más que el tiempo acumulado de entrenamiento, lo determinante es qué tipo de entrenamiento se realizó, en qué orden y bajo qué criterios. En la práctica, muchos entornos de enseñanza desconocen este enfoque; los resultados no son visibles a corto plazo y no encajan bien con una lógica centrada exclusivamente en ganar. Como consecuencia, el número de personas que logra alcanzar este nivel es extremadamente reducido.

 

En síntesis, se trata efectivamente del resultado de muchos años de práctica, pero no de una simple acumulación de horas de entrenamiento. Es el fruto de reducir el pensamiento, eliminar el juicio y fijar estructuras mediante entrenamientos extraordinariamente específicos. Por eso se alcanza el estado en el que “lo que debería procesarse en el cerebro ya ha sido trasladado a la estructura corporal”.

final mundial astana 2015

Final del Campeonato Mundial de Astana 2015. Foto: www.ijf.org

 

Todo esto ha hecho que ONO sea un atleta excepcional, poseedor de un Judo muy difícil de enseñar, difícil de imitar y casi imposible de contrarrestar.

 Dicho esto, podríamos afirmar que Shohei ONO y nuestro máximo ídolo del fútbol, Lionel MESSI, tienen algunos puntos en común ya que comparten la esencia de “construir primero un mundo en el que, en el momento en que el rival cree haber respondido, ya es demasiado tarde”. Esto no pertenece al plano de la técnica, la táctica o la capacidad física, sino a una estructura sensorial que desplaza el significado mismo del tiempo, el espacio y la fuerza. En ambos casos, el “proceso” no es percibido y el resultado, sea éste el gol o el ippon, ya está decidido de antemano.

Juan Carlos Yamamoto sensei 7mo DAN

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