La expansión del KODOKAN y la reorganización del Ju-jutsu tradicional

La expansión del Judo del KODOKAN y el progresivo declive del Ju-jutsu tradicional o Koryu Ju-Jutsu constituyeron dos procesos paralelos e inseparables.

Más que afirmar que el KODOKAN desplazó o eliminó a las antiguas escuelas, resulta más apropiado interpretar este fenómeno como un proceso de absorción y reorganización. A medida que el KODOKAN respondía eficazmente a las necesidades de la sociedad moderna, fue incorporando el espacio de actuación, los instructores y el capital humano que anteriormente pertenecían al Ju-jutsu tradicional.

En consecuencia, los conocimientos técnicos, la experiencia acumulada por generaciones de maestros y el legado cultural de las escuelas clásicas fueron integrándose dentro de un único sistema moderno y coherente, el Judo del KODOKAN.

Por lo tanto, se puede afirmar que la expansión del Judo no supuso la desaparición del Ju-jutsu tradicional, sino su reorganización dentro de una nueva estructura concebida por Jigoro KANO para responder a las exigencias educativas, sociales y culturales del Japón moderno.

Fotografía de archivo en blanco y negro en dos tomas que muestra una ceremonia formal y una práctica multitudinaria de judo en el dojo Kodokan de Shimotomisaka.
Kodokan en su sede de Shimotomisaka

El crecimiento institucional del KODOKAN

Desde su fundación en 1882, en un pequeño dojo de 12 tatamis instalado en el templo Eishoji y con apenas 9 discípulos, el KODOKAN experimentó un crecimiento extraordinario.

Hacia 1888, ya reunía aprox. 300 miembros. En 1908, la cifra ascendía a unos 15.000 practicantes, lo que obligó a sucesivos traslados de su sede y a la apertura de nuevos dojos y filiales.

En 1909, el KODOKAN abandonó su condición de academia privada para constituirse oficialmente como fundación (zaidan hojin), hecho que fortaleció considerablemente su prestigio institucional.

Hacia 1921, contaba ya con aprox. 50.000 miembros y una sede central con una superficie de 207 tatamis.

Finalmente, en 1932, al celebrarse el cincuentenario de su fundación, el número acumulado de miembros superaba los 100.000, consolidando al KODOKAN como la institución central del Judo y la organización rectora de una disciplina que había alcanzado una dimensión nacional e internacional sin precedentes.

Proyección internacional de Jigoro KANO y del Judo

Fue en 1922 cuando Jigoro KANO, ya liberado de las responsabilidades oficiales que había desempeñado durante casi tres décadas como rector de la Escuela Normal Superior de Tokyo, pudo dedicar plenamente sus esfuerzos al desarrollo filosófico e institucional del Judo. Había ocupado ese cargo en tres períodos: el primero entre 1893 y 1897; posteriormente regresó por un breve lapso y, finalmente, volvió a asumir la rectoría en 1901, ejerciéndola durante diecinueve años, hasta su retiro definitivo en 1920.

En un nuevo contexto internacional marcado por el fin de la Primera Guerra Mundial, KANO culminó un prolongado proceso de reflexión iniciado con la fundación del KODOKAN en 1882 y formuló de manera definitiva los dos principios fundamentales del Judo: Seiryoku Zen’yo (máximo aprovechamiento de la energía) y Jita Kyoei (prosperidad y beneficio mutuos).

Ese mismo año, aprovechando además la reciente reorganización jurídica del KODOKAN como fundación, creó la Asociación Cultural del Kodokan (Kodokan Bunkakai) con el propósito de difundir estos ideales más allá del ámbito estrictamente técnico del Judo.

Composición fotográfica histórica en blanco y negro que muestra la entrada de la delegación japonesa en los Juegos Olímpicos de Estocolmo 1912 y al maestro Jigoro Kano en una recepción olímpica.
Kano en los JJOO de Estocolmo 1912 (izq.) y en la Asamblea del COI de 1936 (der.)

La formulación de estos principios fue el resultado de cuarenta años de investigación y desarrollo desde la creación del KODOKAN y constituyó, al mismo tiempo, la respuesta de KANO a lo que consideraba una necesidad urgente de la sociedad internacional: la construcción de un mundo sustentado en la cooperación, la armonía y la paz.

Hasta comienzos de la década de 1920, KANO se había presentado principalmente como un destacado educador y creador del Judo moderno. Sin embargo, tras formular los principios de Seiryoku Zen’yo y Jita Kyoei, comenzó a proyectarse como un pensador de alcance universal, convencido de que el Judo trascendía el ámbito de las artes marciales y podía convertirse en un instrumento eficaz para promover la paz entre las naciones.

La participación en los Juegos Olímpicos de Amberes (Bélgica) de 1920, celebrados en una Europa que comenzaba a recuperarse de las devastadoras consecuencias de la Primera Guerra Mundial, marcó un punto de inflexión decisivo en su vida. En su calidad de miembro del Comité Olímpico Internacional (COI), KANO reafirmó su convicción de que el deporte constituía un poderoso instrumento para fomentar la amistad entre los pueblos y contribuir a la construcción de la paz. A partir de entonces, el eje de su actividad se desplazó definitivamente del ámbito nacional al escenario internacional.

Desde los Juegos Olímpicos de Amberes hasta su fallecimiento en 1938, KANO concentró gran parte de sus esfuerzos en dos objetivos estratégicos estrechamente vinculados entre sí: la internacionalización del Judo y la candidatura de Tokyo como sede de los Juegos Olímpicos de 1940.

La importancia que atribuía a esta proyección internacional queda reflejada en sus numerosos viajes al extranjero. A lo largo de su vida realizó trece viajes internacionales, de los cuales cinco tuvieron lugar antes de los Juegos Olímpicos de Amberes y ocho después de 1920. Resulta especialmente significativo que estos últimos fueran emprendidos cuando ya había superado los sesenta años de edad, circunstancia que evidencia que, durante las dos últimas décadas de su vida, orientó decididamente su actividad hacia la difusión mundial del Judo y la promoción del movimiento olímpico, convencido de que ambos constituían herramientas fundamentales para fortalecer el entendimiento entre los pueblos y la paz internacional.

Un claro ejemplo de esta nueva orientación puede apreciarse en la conferencia que pronunció en Viena en 1933, donde expuso de manera sistemática los principios de Seiryoku Zen’yo y Jita Kyoei, sosteniendo que éstos no eran aplicables únicamente al entrenamiento dentro del dojo, sino también a la convivencia social, la actividad económica, la política y las relaciones internacionales.

De este modo, KANO dejó de presentar el Judo exclusivamente como un sistema de técnicas de combate basado en principios biomecánicos y pasó a exponerlo ante la comunidad internacional como una filosofía universal de vida y de organización social. Esta concepción representa una de las expresiones más acabadas de su pensamiento y de su legado intelectual.

Desde la perspectiva de la expansión geográfica del Judo, reviste especial importancia la incorporación de Gunji KOIZUMI (1885-1965) y de sus colaboradores al ámbito del KODOKAN, durante la visita que KANO realizó a Inglaterra en 1920, aprovechando su viaje con motivo de los Juegos Olímpicos de Amberes.

KOIZUMI había fundado en Londres, en 1918, el dojo Budokwai, dedicado originalmente a la enseñanza del Ju-jutsu. Su integración al KODOKAN constituyó un acontecimiento de enorme trascendencia histórica, ya que permitió unificar bajo el Judo del Kodokan las distintas corrientes de Ju-jutsu que comenzaban a desarrollarse en Europa y convirtió a Londres en el principal centro de difusión del Judo en ese continente. Este hecho representa uno de los hitos más significativos para comprender la historia de la internacionalización del Judo.

Cabe destacar que, en el caso de los Estados Unidos, KANO había iniciado la difusión del Judo a comienos del Siglo XX enviando a 2 de sus discípulos de mayor confianza de los llamados “Cuatro Reyes Celestiales del KODOKAN” como el mencionado Yoshitsugu YAMASHITA y Tsunejiro TOMITA (1865 – 1937). YAMASHITA que llegó a los EEUU en el año 1903 y permaneció durante 2 años logró el acercamiento a los más altos círculos de poder, como el Presidente Theodore ROOSEVELT y la introducción del Judo en la Academia Naval. Por su parte, TOMITA llegó a EEUU a comienzos de 1905 encabezando una delegación de judokas entre los que se encontraba el famoso Mitsuyo MAEDA (1878 – 1941) invitados por el Presidente ROOSEVELT y permaneció durante 7 años difundiendo el Judo por todo el país con base en Seatle.

Candidatura de Tokyo para los Juegos Olímpicos de 1940

La proyección internacional alcanzada por Jigoro KANO no se limitó a la difusión del Judo. Paralelamente, desempeñó un papel fundamental en el desarrollo del movimiento olímpico japonés y en la incorporación de Japón a la comunidad deportiva internacional.

En 1909, KANO se convirtió en el primer miembro asiático del Comité Olímpico Internacional (COI). Poco después impulsó la creación del Comité Olímpico Japonés (JOC), del cual fue su primer presidente entre 1911 y 1921. Desde entonces participó activamente en casi todas las reuniones del COI hasta su fallecimiento en 1938 y encabezó la delegación japonesa en la mayoría de los Juegos Olímpicos de la época: Estocolmo 1912, Amberes 1920, Ámsterdam 1928 (aunque no pudo asistir personalmente por razones de salud), Los Ángeles 1932 y Berlín 1936. Cabe recordar que los Juegos Olímpicos previstos para Berlín en 1916 fueron cancelados debido al estallido de la Primera Guerra Mundial.

Al iniciarse la década de 1930, la mayor parte de la energía de KANO estuvo orientada a lograr que Tokyo fuera designada sede de los XII Juegos Olímpicos de 1940, cuya celebración coincidiría con la conmemoración del 2600º aniversario de la fundación del Imperio Japonés. KANO sostenía que “los Juegos Olímpicos no debían pertenecer únicamente a Occidente; su celebración en Asia era indispensable para hacer realidad el verdadero espíritu olímpico”.

Gracias a una intensa labor diplomática desarrollada personalmente por KANO y pese al creciente aislamiento internacional de Japón tras su retiro de la Sociedad de Naciones en 1933, el COI, reunido en Berlín en 1936, designó finalmente a Tokyo como sede de los Juegos Olímpicos de 1940 en cuyo programa preliminar se encontraba incluido el Judo como disciplina de exhibición.

Uno de los momentos más recordados de esta campaña fue el discurso que pronunció durante la 37° Sesión del COI, celebrada en El Cairo pocas semanas antes de su fallecimiento. A sus setenta y siete años, KANO defendió con firmeza la candidatura japonesa, sosteniendo que los Juegos Olímpicos no pertenecían exclusivamente a Occidente y que solo al celebrarse también en Asia podrían convertirse verdaderamente en una celebración universal al servicio de la paz. Su intervención impresionó profundamente a numerosos miembros del COI y contribuyó decisivamente a consolidar el respaldo internacional a la candidatura de Tokyo.

Composición fotográfica histórica en blanco y negro que muestra a Jigoro Kano en la cubierta del barco Hikawa Maru y el desembarco ceremonial de su féretro cubierto por la bandera olímpica en 1938.
Último viaje de Kano (1938)

En mayo de 1938, Jigoro KANO falleció a los 77 años a bordo del transatlántico Hikawa Maru, mientras regresaba de la reunión del COI celebrada en El Cairo. Puede afirmarse, sin exageración, que dedicó su vida hasta el último momento tanto a la causa olímpica como a la internacionalización del deporte y del Judo.

Lamentablemente, apenas unos meses después de su muerte, Japón renunció a la organización de los Juegos Olímpicos de 1940 debido al agravamiento de la guerra en Asia Oriental, conflicto que posteriormente desembocaría en la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo, el legado internacional construido por KANO no desapareció. Veintiséis años después de su fallecimiento, dos de los grandes ideales que habían orientado la etapa final de su vida se hicieron realidad simultáneamente: Tokyo fue sede de los Juegos Olímpicos de 1964 y el Judo fue incorporado por primera vez como deporte oficial del programa olímpico. De este modo, la visión de KANO trascendió su propia época y encontró su plena realización en el escenario deportivo internacional.

La internacionalización del Judo y la incorporación de la filosofía educativa de Jigoro KANO al movimiento olímpico constituyeron dos dimensiones inseparables de una misma estrategia. A través de ambas iniciativas, KANO aspiró a convertir el deporte en un instrumento para difundir los valores de las Artes Marciales Japonesas o Budo y fomentar el entendimiento, la cooperación y la paz entre las naciones.

Juan Carlos Yamamoto sensei 7mo DAN

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *